El hombre, de 62 años, llegó a contar brevemente qué le sucedió cuando era trasladado al hospital tras ser apuñalado por un conductor.
Por Joaquín Symonds
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Juan Carlos Mendoza llegó a Uruguay hace seis años. A los pocos días de arribar a Montevideo —como tantos venezolanos, fue uno más de los que llegó a través de una ruta ilegal— decidió emplearse como delivery.
Solía repetir que “nadie sueña con ser repartidor”, pero defendía el oficio bajo el argumento de que era lo que le había dado las primeras herramientas para instalarse en el país junto a su familia.
Esposo y padre de dos hijos, Juan Carlos logró prosperar en tierras orientales junto a su familia. Sus jornadas eran maratónicas y superaban ampliamente las ocho horas, sobre todo los fines de semana.
Martín, cajero de una sucursal de la pizzería Costa Azul en Pocitos, recuerda a Juan Carlos como un “tipo feliz” que siempre estaba “dispuesto a darte una mano”.
“A veces, cuando nos atrasábamos con los pedidos, él iba y venía para darnos tiempo. Nunca te miraba de mala cara cuando las cosas demoraban más de lo que prevé la aplicación”, añadió en diálogo con Montevideo Portal.
El pasado martes iba a ser un día normal para Juan Carlos, en el que preveía trabajar un rato de noche para luego regresar a su casa junto a su esposa. Los incidentes en el tránsito, a decir verdad, no son ajenos para nadie que sale a la vía pública todos los días.
Mendoza ya había sufrido un accidente en el que se fracturó una pierna, pero además solía llegar a su casa con relatos distintos: que había visto a dos conductores peleándose, que un delivery había discutido con un taxista o que alguien había pasado en rojo por la avenida 18 de Julio.
“Mi papá era una persona, dentro de todo, objetiva”, dice Javier, uno de sus hijos, a Montevideo Portal. Agrega que Juan Carlos reconocía que muchos repartidores circulaban a alta velocidad, saltándose las normas de tránsito e incluso manejando con papeles fuera de regla.
Para justificarse, Juan Carlos argumentaba que “quien no llega a tiempo, no cobra”. “Son los gajes del oficio”, le decía a Javier cuando su hijo le pedía que anduviera con cuidado, que a su edad ya “no estaba para hacer locuras”.
El último mensaje de WhatsApp que Javier le envió a Juan Carlos no dista mucho de esas charlas: “Cuidate, te veo mañana, papi”. El joven, barbero de profesión, confiesa que su mayor espina en toda la situación es que nunca pudo despedirse de su padre.


Juan Carlos junto a su familia. Foto: cedida a Montevideo Portal
Repite —al menos diez veces en una entrevista que no duró más de 30 minutos— que nadie está preparado para estos golpes, pero hay algo “diabólico” en la culpa que solo agrega pesar a una situación que de por sí es insostenible para su familia.
Juan Carlos hizo dos cosas antes de morir: le avisó lo que sucedía a su esposa y contó, brevemente, cómo se dieron los hechos que derivaron en una puñalada mortal en el abdomen.
A la esposa del repartidor, quien prefiere no identificarse porque no le gusta “esto de la exposición”, le quedaron grabadas las palabras de su marido: “Hola, mami. Estoy yendo al hospital, me acaban de acuchillar. Me llevan en un patrullero al Maciel”.
Cuando la mujer llegó, Juan Carlos agonizaba y los médicos —quienes hicieron varios esfuerzos para salvarle la vida— le comunicaron que su marido había fallecido. Luego llegó el resto de la familia.
Los efectivos policiales que asistieron a la escena notaron que el delivery estaba visiblemente herido, pero no presentaba síntomas aparentes de gravedad extrema. De hecho, para evitar que la situación se agravara, decidieron trasladarlo en un móvil al centro asistencial y no esperar a la emergencia médica.
En ese trayecto, Mendoza narró brevemente cómo recordaba los hechos. Unas cuadras antes de llegar al cruce entre Cuareim y Colonia, un joven en un Renault Logan le tocó bocina porque intentó esquivar a otro auto que tenía delante.
A partir de allí, ambos comenzaron a intercambiar insultos. Cuando el auto llegó a la esquina, con el semáforo en rojo, se detuvo. El conductor, de 30 años, se bajó y se acercó a Juan Carlos. Lo siguió insultando por unos segundos, volvió al vehículo y sacó lo que los investigadores creen que era una navaja.
Los médicos determinaron que el delivery sufrió una sola puñalada, que le afectó principalmente el hígado y le causó un sangrado abundante. Esto, sumado a la pérdida de sangre, provocó que el cuadro se agravara rápidamente hasta su muerte.
La imputación y el susto
La Justicia imputó, el pasado miércoles, al hombre de 30 años. Se le adjudicó un delito de homicidio a título de dolo eventual y fue enviado a prisión preventiva por 100 días.
Junto a él viajaba una mujer, quien intentó frenar la situación al grito de: “¡No, no lo hagas!”.
Cuando Juan Carlos pedía auxilio a los vecinos, el joven se subió a su auto y se fugó. La Policía, en un rápido accionar para trasladar a la víctima y ordenar las primeras actuaciones, obtuvo el número de matrícula y detuvo al conductor a dos cuadras.
Cuando los funcionarios, en un móvil y una camioneta del Ministerio del Interior, interceptaron al homicida, el atacante no opuso resistencia ante la captura.
“¿Qué pasó?”, le preguntó uno de los policías.
“Nada, veníamos discutiendo y lo lastimé. Me fui porque me asusté, solo atiné a irme”, contestó el chofer.
Juan Carlos, antes de llegar al hospital, recordó que el joven lo miró “a los ojos con rabia” mientras lo apuñalaba.




