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SU HIJO SOBREVIVIÓ AL CTI, PERO QUEDARON EN LA CALLE: EL PEDIDO DE LETICIA

La madre de Gerónimo busca ayuda para conseguir un empleo, tras perder su trabajo y la casa durante la última internación del adolescente.

A pocos días de cumplir 14 años, Gerónimo Correa volvió a casa después de atravesar uno de los momentos más críticos de su vida. El pasado 25 de junio recibió el alta del CTI, donde permaneció internado durante varios días con asistencia respiratoria tras contagiarse de gripe A. La infección, sumada al asma severa que padece desde hace años, puso nuevamente en riesgo su vida. Sin embargo, no era la primera vez que él y su madre enfrentaban una situación así.

Como contó Leticia —viuda y única responsable de los cuidados de su hijo— a Montevideo Portal, el asma severa condiciona por completo la rutina y la calidad de vida del adolescente. “Él tiene riesgo de morir en cualquier momento por asfixia”, explicó.

Además, el deterioro de la salud de Gerónimo también repercutió en la situación económica y habitacional de la familia. “Si bien en su momento tenía una vida estable y trabajaba como cualquier trabajador del Uruguay, podía darme la tranquilidad de pagar una niñera o poder organizarme con el alquiler de la casa. Pero la gravedad y la complejidad de la salud de mi hijo han ido agravando todas las situaciones y ya no me permiten tener una calidad de vida digna ni tampoco acceder a una vivienda digna”, relata su madre.

Casi tres semanas después de superar aquella internación, su preocupación ya no pasa solo por la salud de Gerónimo: Leticia busca con urgencia un empleo tras quedar en situación de calle en medio del tratamiento de su hijo.

Mientras el adolescente permanecía internado, Leticia perdió su trabajo y no reunió los requisitos necesarios para acceder al seguro de desempleo. Días después del alta médica, ambos debieron abandonar la vivienda donde residían y trasladarse a la casa de una tía, ubicada en un asentamiento irregular, en un entorno que, según la madre, no reúne las condiciones adecuadas para un adolescente con una enfermedad respiratoria como la de Gerónimo.

“No tengo nada. Ni siquiera tengo ropa para ponerme porque todas mis pertenencias están guardadas en un galpón que me prestaron. Voy de casa en casa, de amigos en amigos, de conocidos en conocidos. Es horrible tener que estar preguntando todos los días dónde puedo quedarme y dónde ya no puedo”, relata Leticia. “Aun así, sigo llevándolo a todos los controles médicos y a cada consulta que nos indican. Incluso hoy por la mañana volvimos a salir con nuevos estudios que tenemos que pagar y con más gastos. Realmente esta situación ya es insostenible”, agrega.

A la incertidumbre habitacional y económica, se suma otra dificultad. Leticia continúa haciendo gestiones para acceder a un asistente personal a través del Ministerio de Desarrollo Social (Mides) para poder salir a trabajar y dejar a su hijo al cuidado de una persona capacitada para atender su enfermedad. Sin embargo, desde el Sistema Nacional de Cuidados le informaron que todavía están procesando solicitudes que quedaron pendientes desde 2022. Además, sigue con los trámites para acceder a un subsidio de alquiler que le permita conseguir una vivienda digna.

Mientras espera una respuesta, Leticia busca un empleo en la ciudad de Maldonado que le permita recuperar cierta estabilidad. “Busco trabajar y volver a valerme por mí misma, como siempre hice. Yo siento que el sistema me cerró todas las puertas. No estoy pidiendo nada regalado. Lo único que pido es que me den las herramientas para salir adelante y volver a sostenerme por mis propios medios”, sostiene.

La mujer asegura que está dispuesta a compatibilizar cualquier trabajo con los cuidados que requiere su hijo, ya que destinaría gran parte de su salario para contratar un asistente. “Me comprometo a cumplir con mi trabajo, aunque mi hijo esté internado. Me voy a organizar con la persona que lo cuide para que realmente entienda su enfermedad y pueda acompañarlo como corresponde. Necesito trabajar porque necesitamos comer, necesitamos vivir y si no tengo ingresos, nunca vamos a poder salir adelante”.

En medio de la incertidumbre, Leticia rescata los gestos solidarios que ha recibido en las últimas semanas. Agradece a quienes colaboraron con la compra de rifas —cuyo dinero ya fue destinado a la medicación de Gerónimo— y a personas como Andrea, una conductora de Uber que los traslada al sanatorio los días de lluvia y frío sin cobrarles el viaje. Mientras continúa buscando trabajo y una solución habitacional, se aferra a una única certeza: “Yo tengo que seguir luchando y tengo que poder, porque mi hijo no tiene a nadie más que a mí”.

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