La novel doctora contó episodios en los que sintió discriminación por los docentes “como diciendo ‘qué está haciendo esta vieja acá’”.
Lidia Fernández, de 65 años, se recibió de médica y desde entonces la exposición en redes sociales ha hecho lo suyo: mensajes de conocidos, de desconocidos, llamadas de amigos y de aquellas personas con las que no tenía diálogo hace buen tiempo.
Fernández terminó la carrera de la Facultad de Medicina de la Universidad de la República (Udelar) el pasado 31 de julio, cuando puso fin a su última guardia en el Hospital de Río Branco, en Cerro Largo.
Foto: Facebook
Si hay alguna palabra que describa la historia de Lidia, la más correcta es perseverancia. Ella dice que no tiene una historia demasiado particular, que su familia siempre la apoyó y que tuvo unos padres maravillosos.
Lidia tiene 41 años como enfermera en el hospital Pereira Rossell y a sus 20 años ingresó en la Facultad de Medicina. En el medio se casó y tuvo su primer hijo, pero siguió estudiando durante un tiempo.
Sin embargo, recuerda que un día el por entonces bebé la tironeó para que se quedara en su casa y no fuera a la facultad. “Cerré el libro y entendí que la facultad siempre iba a estar. Yo quería estar todo el momento de la niñez de mi hijo”, cuenta a Montevideo Portal.
Luego se enfermó su padre y eso demoró un poco más su regreso a los estudios. Lidia nunca tuvo una generación de compañeros, porque el devenir de los años hizo que compartiera aula con muchos estudiantes de diversas edades.
Pone énfasis en que los alumnos nunca sintió una diferencia, pero sí a veces de los docentes. “Decían ‘chiquilines’ y a mí me trataban de usted, como diciendo ‘qué está haciendo esta vieja acá’”, considera entre risas.
Lidia tiene un consultorio de estética y con el correr de los años compró las herramientas necesarias, además de diferentes capacitaciones. “Si me preguntás si voy a ejercer, no sé. Mi última guardia la hice en Río Branco y me han dicho ‘Lidia, vení, vení’, pero la verdad no sé”, añadió.
Cuando salió del Hospital de Río Branco, Lidia sabía que un grupo de amigas la estaría esperando pero nunca esperó que estuviera además toda su familia. “Me dieron el cartel, me pusieron la bandita y lloré, lloré y lloré”, cuenta y dice que no encuentra palabras para describir la calidez que le hicieron sentir sus compañeros en el centro hospitalario.
En sus posteos, la novel médica aseguró que “la edad en su número” y ahora ratifica la frase para recomendar a todos aquellos que quieran estudiar algo, que lo hagan porque nunca es tarde.
Lidia reconoce que muchas veces dudó en seguir o no adelante pero aconseja que hay que seguir, que se puede por más piedras que se presenten en el camino. Opina que lo peor es quedarse con la frase “que hubiera pasado si”.





