Noticias de Salto Uruguay

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“HAY MUCHAS HISTORIAS”: LA GRUTA DEL PADRE PÍO Y UNA FE QUE SIGUE VIVA EN LA AURORA

Inaugurada en 1987, la gruta nació por iniciativa de la familia Tonna y hoy recibe peregrinos en busca de oración, paz y respuestas.

Pedro Dutour

La historia de La Aurora tiene varios capítulos. La estancia ubicada sobre el río Daymán, en el departamento de Paysandú y justo en el límite con el de Salto (y cercana a la capital de este departamento), adquirió notoriedad nacional e internacional a partir de los episodios vinculados con fenómenos de ovni relatados desde 1976. Pero existe otra historia, menos ligada a las luces y más relacionada con la fe, que mantiene vigente el lugar: la de la Gruta del Padre Pío.

El establecimiento rural —que continúa trabajando como tal— permanece cerrado al público, pero la gruta sigue abierta y recibe visitantes durante todo el año. Para Eduardo Rodríguez, periodista, escritor e investigador de la historia de La Aurora, el movimiento incluso se ha incrementado.

“Todo el tiempo está llegando gente. No importa si hace frío o calor ni la hora del día. Hay un recambio generacional y también llegan jóvenes”, dijo a Montevideo Portal.

La construcción comenzó en 1987 por iniciativa de Ángel María Tonna, propietario de La Aurora y devoto del padre Pío de Pietrelcina. La versión que circuló durante años atribuyó al fraile la solicitud de levantar allí un espacio de devoción. Rodríguez cuestiona ese relato y asegura que no encontró antecedentes que respalden esa afirmación.

“Es una leyenda que se fue agregando. No existe ningún antecedente de que el padre Pío haya pedido un lugar para recibir devoción”, afirmó.

La entrada a la gruta.

La entrada a la gruta.

La intención inicial de Tonna, según la investigación de Rodríguez, apuntaba a algo mucho más sencillo: la de colocar una pequeña base de material y encima una imagen plastificada del padre Pío, protegida de la lluvia. La iniciativa creció a medida que el productor rural compartía su idea con quienes visitaban la estancia.

Dos escultores argentinos, Guillermo Beckes y María de las Mercedes Schoenemman, comenzaron entonces a trabajar en la imagen dentro de un espacio del tambo. Utilizaron materiales disponibles en La Aurora, entre ellos barro de la costa del Daymán y elementos de la propia estancia.

La historia de la escultura también quedó rodeada de relatos. La versión más difundida asegura que la cabeza de la figura se desprendió misteriosamente durante los primeros trabajos. Rodríguez encontró una confirmación parcial de ese episodio, aunque con diferencias respecto de la leyenda.

Los fieles en la gruta.

Los fieles en la gruta.

“Es cierto que la primera noche la cabeza se desarmó. Nunca nadie supo muy bien por qué, ya que estaba sobre una base firme. Pero es mentira que salió volando lejos”, dijo.

La obra terminó adquiriendo una dimensión mucho mayor de la prevista inicialmente. La estatua actual mide unos dos metros y medio y ocupa el centro de la gruta, inaugurada el 25 de mayo de 1987, al cumplirse un siglo del nacimiento de Francesco Forgione, nombre civil del padre Pío.

Idas y vueltas

La fecha también tiene relevancia por otro motivo. El religioso todavía no había sido reconocido como santo por la Iglesia católica, al ser beatificado en 1999 y canonizado en 2002. La relación entre La Aurora y la Iglesia atravesó, por eso, momentos de tensión.

La imagen del padre Pío en la gruta ubicada en la estancia La Aurora.

La imagen del padre Pío en la gruta ubicada en la estancia La Aurora.

Rodríguez recuerda que el obispo de Salto de entonces, monseñor Carlos Alberto Nicolini, concurrió a la inauguración acompañado por el sacerdote francés Claudio Rattelot. Para el investigador, aquella presencia constituyó un respaldo significativo a la familia Tonna, aunque posteriormente otros obispos adoptaron una posición mucho más crítica. “Hubo comunicados que desalentaban las visitas a La Aurora. Fue una etapa muy dura”, señaló.

La relación comenzó a modificarse en 2007, durante el obispado de Pablo Galimberti, cuando volvieron a celebrarse misas en el lugar. Desde entonces, la diócesis participa en las celebraciones vinculadas con el 25 de mayo y el 23 de setiembre, fecha de la muerte del padre Pío.

La devoción, de todos modos, era anterior a la gruta. Rodríguez reconstruyó la circulación en Salto de mitones que, según se decía, habían sido utilizados por el religioso para cubrir los estigmas de sus manos. Uno de esos objetos estuvo durante años en la casa de una mujer conocida como doña Ramonita, en el barrio Cerro, hasta que fue enterrado con ella.

“Cuando Tonna abrió la gruta, ya había en esta zona un conocimiento muy importante del padre Pío. La Aurora le dio a esa devoción una referencia geográfica, un lugar al que ir, rezar y después volver a agradecer”, aseveró.

De los milagros

Esa dimensión permanece en los testimonios de quienes visitan el lugar. Paola Tourn, de 51 años, llegó a la gruta durante una visita a las termas de San Nicanor, un 23 de setiembre. Unos años antes había sufrido la pérdida de un embarazo y posteriormente había intentado volver a quedar embarazada sin éxito. “Pasó un año, un año y medio y no quedaba embarazada. Yo ya tenía casi 38 años”, contó a Montevideo Portal.

Después de visitar la gruta, regresó a su casa y comenzó una nueva etapa del ciclo menstrual. Y aquella resultó ser su última menstruación antes de haber concebido un hijo. “Me hice un análisis y estaba embarazada. De ahí volví a ir al padre Pío en agradecimiento”, relató

El lugar donde se encuentra la estatua del padre Pío.

El lugar donde se encuentra la estatua del padre Pío.

Su hija Isabela nació sin complicaciones y Tourn cumplió la promesa de llevarla a la gruta pocos días después. La mujer atribuye ese embarazo a la intercesión del santo y conserva desde entonces una relación estrecha con la imagen.

También recuerda un episodio protagonizado por su padre, actualmente de 81 años. Ante un problema de salud, ambos concurrieron a la gruta. El hombre rezó frente a la estatua y, de acuerdo a su testimonio, vio que el padre Pío movía afirmativamente la cabeza. “Él vio que la estatua le dijo que sí con la cabeza. Se fue de allí y no sintió nunca más nada”, dijo.

Historias como esa forman parte de la tradición oral que rodea al lugar. Rodríguez recoge testimonios de visitantes que aseguran haber percibido aromas de rosas, sensaciones de paz o distintas manifestaciones durante el recorrido hacia la gruta. También existen relatos de personas que atribuyen al espacio mejoras en situaciones personales o problemas de salud.

Reconocimiento a Ángel María Tonna.

Reconocimiento a Ángel María Tonna.

El investigador separa esos testimonios de aquello que puede ser comprobado. “Hay muchas historias y muchas cosas que la gente cuenta. Lo importante es que el lugar no necesita mentiras. Es precioso por sí mismo”, afirmó.

El circuito

La frase resume una de las principales tensiones de la historia reciente de La Aurora: la convivencia entre los relatos extraordinarios, los milagros por intercesión del padre Pío, la investigación periodística y una devoción que no depende necesariamente de aquellos episodios.

Un lugar de paz.

Un lugar de paz.

La familia Tonna tampoco convirtió la gruta en un negocio y, según Rodríguez, siempre rechazó propuestas para vender el predio y la estatua, y mantuvo el acceso gratuito. En las inmediaciones surgieron pequeños puestos de recuerdos, merchandising y servicios vinculados con el movimiento de visitantes, además de una oferta turística relacionada con las cercanas termas del Daymán.

Es que queda todo en la vuelta. La gruta se encuentra a unos tres kilómetros de la ruta 3, por un camino de tierra que pasa por una zona de intensa actividad productiva, cercana al puente sobre el río Daymán, que separa a Paysandú de Salto, y a poco más de 10 kilómetros de la capital departamental. Para quienes llegan desde otros puntos del país, la visita al santuario suele integrarse con una estadía en las termas.

Casi cuatro décadas después de su inauguración, la Gruta del Padre Pío conserva así una posición singular dentro de la historia de La Aurora. El establecimiento rural que alguna vez recibió investigadores de ovnis, periodistas y curiosos permanece cerrado, mientras el pequeño espacio de oración situado junto a su límite continúa recibiendo peregrinos.

“Hoy el valor de La Aurora pasa por la experiencia espiritual, por la conexión con Dios, con la paz y con aquello que trasciende lo físico”, subrayó Rodríguez. De algún modo, la fe cristiana desplazó a los fenómenos del tercer tipo.

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