Radicado en Paraguay, el delincuente se hizo conocido cuando, en escape de película, se fue del Comcar en el doble fondo de una camioneta.
La Fiscalía de Lavado de Activos resolvió iniciar, luego de reunirse con los investigadores a cargo de la operación Trazador, una investigación sobre el esquema de lavado que llevaba adelante Pablo Leiva, exasesor del edil blanco de Montevideo Gonzalo Gómez.
Leiva fue detenido y condenado la semana pasada, luego de que las autoridades hicieran un allanamiento en su casa y descubrieran miles de pesos en efectivo en el living de la vivienda del delincuente.
El caso tiene ribetes políticos porque el exasesor, además de integrar el equipo de Gómez, operaba en una casa de cambio que es propiedad de la esposa de Jorge Gandini.
En una conferencia de prensa, el dirigente blanco se desentendió de la actuación de Leiva y precisó que nunca lo conoció. En el caso de Gómez, quien brindó una conferencia de prensa el pasado lunes, explicó que conoció al condenado a través del hijo de Leiva, Lucio, con quien mantiene amistad porque era integrante de la juventud blanca.
Con respecto a la organización, durante el allanamiento Leiva confesó que trabajaba para un hombre que es tesorero del cambio Monex. Ambos formaban parte del esquema que las autoridades uruguayas buscan desarmar.
El dinero surge de droga que ingresó a Uruguay para ser comercializada a través de bocas de drogas en Montevideo. Los estupefacientes provienen de Paraguay y el narco detrás de los envíos es el uruguayo Nicolás Suma, apodado como Nico.
Suma es un peligroso delincuente, quien se encuentra radicado en Paraguay, pero tiene un profuso prontuario penal en tierras uruguayas.
En filas policiales, su nombre se hizo conocido entre 2008 y 2010, cuando Suma integró una banda dedicada a copar casas en Pocitos. Sin embargo, antes, el nombre del narco ya sonaba en Uruguay.
En 2003 se fugó del por entonces Comcar en el doble fondo de una camioneta y huyó rumbo a Brasil. En tierras norteñas, también cayó preso, pero logró escapar de una cárcel de Santa Catalina.
Al regresar a Uruguay, comenzó a integrar lo que los propios ladrones llamaron “la Superbanda” y Suma estuvo al frente de una decena de copamientos, muchos de ellos violentos.
Conforme al paso de los días, una vez llegado a Uruguay, Suma fue elevando el nivel de violencia en los atracos. Al momento de asaltar un supermercado de Luis Alberto de Herrera y Arrieta baleó, sin mediar palabra, a un guardia de seguridad por la espalda.
Si bien Suma nunca fue catalogado como un delincuente de poca monta, su irrupción en el mundo narco llegó cuando estableció contactos con otros líderes de organizaciones criminales de la región.
En los últimos años, Suma se dedicó a operar desde Paraguay y enviar cargamentos de cocaína a Uruguay. Parte de esta droga se vende en el narcomenudeo de las bocas de barrios marginales, mientras que el resto se utiliza para hacer pasta base.
En los últimos meses, la Dirección de Drogas de la Policía logró interceptar varios cargamentos que tenían el sello de Suma, lo que complicó el negocio del delincuente.
Los volúmenes que maneja la organización son elevados, por eso Suma montó directamente un esquema en Uruguay. Dado que las autoridades han hecho especial hincapié en cortar la ruta del dinero de este tipo de organizaciones, Leiva era el encargado de blanquear el capital en el mercado legal.
Leiva nunca veía la droga, sino que recibía mensajes del tesorero del cambio a través de WhatsApp. Estos textos fueron claves, dado que la Fiscalía tuvo acceso a ellos y logró encaminar la investigación.
Parte de las órdenes, y en pos de bajarlas a tierra, eran anotadas en una cuadernola que Leiva tenía en el living de su casa.





