Ramón Silva reconstruye la historia de este poblado salteño, sus vínculos con la gesta artiguista y el impacto que tuvo Salto Grande.
Por Pedro Dutour
pedro.dutour@m.uy
Fundado el 14 de marzo de 1801, Belén ocupa un lugar singular en la historia del norte uruguayo. A orillas del lago de Salto Grande, a unos 90 kilómetros de la capital departamental, el pueblo conserva vestigios de distintas etapas de su pasado, pero también las marcas de una transformación que modificó buena parte de su estructura y desplazó a cientos de familias.
Ramón Silva conoce esa historia desde dos lugares. Nació en Belén y regresó a vivir allí después de cuatro décadas. Durante 20 años trabajó en Radio Patrulla en Montevideo, donde participó en procedimientos de alto riesgo y resultó herido. Luego publicó Noches azules, un libro de memorias sobre su experiencia policial, y que llegó a ser presentado en el Palacio Legislativo. Ahora concentra buena parte de su tiempo en investigar y recuperar episodios vinculados con la historia de su localidad.
Para Silva, la importancia histórica de Belén se encuentra estrechamente relacionada con su estratégica ubicación. Antes de la construcción de la represa de Salto Grande, el río Uruguay tenía en esa zona un paso que, según documentos históricos que cita, podía ser utilizado con relativa facilidad y cruzarse de orilla a orilla sin inconvenientes.
Antes de la represa, el río se cruzaba a pie.
“Belén se funda en un paso donde, según Mitre, se podía pasar sin que el agua tocara la barriguera de los animales”, dijo a Montevideo Portal. Según Silva, Jorge Pacheco, vinculado a la fundación de la población, describió el mismo lugar con otra referencia: se podía cruzar sin mojar la empuñadura del cuchillo.
La ubicación tenía además una dimensión comercial y militar. Por allí pasaba el denominado Camino al Paso Real, una antigua ruta utilizada para el movimiento de ganado y vinculada con los circuitos que conectaban la región con Buenos Aires, Brasil y otros puntos del territorio. Silva entiende que la fundación de Belén estuvo relacionada con la necesidad española de controlar ese paso.
La relación con el período revolucionario también forma parte de sus investigaciones. Silva cuestiona algunas versiones tradicionales sobre la participación de determinados personajes en los acontecimientos vinculados con el Grito de Asencio y señala que Belén ya tenía vínculos con los movimientos políticos y militares de la época. “Belén, un año antes de eso, en 1810, ya participa en la Revolución de Mayo para Buenos Aires”, afirmó.
También menciona referencias de Bartolomé Mitre sobre la participación de habitantes de la entonces Villa Belén en acciones contra fuerzas españolas y recuerda la presencia de José Rondeau en la zona a comienzos de 1811. Son episodios que, de acuerdo con Silva, forman parte de una historia que todavía necesita mayor investigación documental.
El pueblo que cambió con la represa
El quiebre más profundo de la historia reciente de Belén llegó con la construcción de Salto Grande. Silva calcula que entre 40% y 50% del pueblo tuvo que ser desplazado como consecuencia de la formación del lago. De ese modo, fueron construidas unas 180 viviendas nuevas para reemplazar parte de las que quedaron afectadas.
La historia del poblado.
El proceso ocurrió durante la dictadura y, según Silva, prácticamente no hubo margen para una oposición organizada. “Era la época militar. Era muy difícil que vos pudieras pararte”, recordó.
Silva también conserva el recuerdo de una propuesta para integrar Belén y Villa Constitución (otro pueblo que debió moverse a causa de la construcción de la represa) en un único núcleo poblacional. La iniciativa está relacionada con el entonces arquitecto e intendente de Salto, Néstor Minutti. El proyecto, finalmente, no prosperó.
La muerte posterior de Minutti, en un accidente aéreo, marcó otro episodio de aquella época. Silva considera que las circunstancias fueron llamativas, aunque no aporta elementos que permitan establecer otra conclusión sobre el hecho.
Más allá de esas circunstancias, el recuerdo que permanece es el de las promesas realizadas durante el proceso de traslado. Silva menciona compromisos vinculados con el costo de la electricidad, el suministro de agua y la construcción de infraestructura. También recuerda que la población eligió un gimnasio entre las obras que se planteaban para la nueva etapa del pueblo. “Se perdieron muchas cosas importantes”, afirmó.
De una zona comercial a una economía diferente
Silva rechaza la idea de que Belén fuera una localidad pequeña antes de la represa. Según su reconstrucción, el pueblo tenía más de 2.500 habitantes y contaba con numerosas familias instaladas en las chacras de los alrededores, muchas de ellas con varios hijos.
El prócer en la plaza principal.
También recuerda una actividad comercial que hoy ya no existe. “Llegamos a tener dos bancos en Belén”, contó. Además, funcionaban cuatro almacenes de ramos generales que abastecían a poblaciones de la región.
La represa, a su entender, alteró esa estructura. Con el desplazamiento de parte de la población y la pérdida de las actividades que dependían de la antigua configuración territorial, Belén inició otra etapa.
Actualmente, Silva identifica varias fuentes de trabajo. La actividad pública tiene un peso importante, mientras que también aparecen los cultivos y las tareas vinculadas con la naranja, la caña y el limón. A eso se suma el empleo generado por las Termas del Arapey, ubicadas a unos 40 kilómetros.
El Belén actual ronda los 2.000 habitantes, de acuerdo con la información aportada para la localidad, aunque Silva maneja una cifra algo superior. La diferencia muestra también una discusión más amplia sobre cómo se cuenta la población de una zona que históricamente incluyó numerosas familias rurales.
Una historia que permanece bajo la superficie
La investigación de Silva no se limita al proceso de fundación ni al período revolucionario. También intenta reconstruir la historia material de Belén, incluidos monumentos, cementerios y personajes que considera poco conocidos.
Una imagen del pueblo ubicado en el departamento de Salto.
Entre ellos menciona a Daniel Isaías Costa Rosa, escultor nacido en la localidad, a quien atribuye diversas obras en Uruguay y Argentina. También habla de varios cementerios vinculados con diferentes momentos de la historia local, incluido uno relacionado con la presencia portuguesa en 1811.
El repertorio de relatos incluye además antiguas actividades desarrolladas sobre el río Uruguay. Silva rescata la historia de los balseros que transportaban cueros y otros productos río abajo y desarmaban las embarcaciones al llegar a destino. Los clavos utilizados para construir esas balsas, según la tradición que recoge, eran conservados y constituían el llamado “tesoro del balsero”.
También investiga las antiguas vaquerías, el uso de perros para reunir ganado y distintos episodios relacionados con los pueblos indígenas y las expediciones de la época colonial.
Para el expolicía, buena parte de esa información permanece dispersa en documentos, relatos familiares y referencias de historiadores. Por eso, su objetivo actual es ordenar esos materiales y reconstruir una historia que, a su juicio, todavía tiene numerosos capítulos pendientes.
Belén conserva hoy parte de aquellas huellas en su capilla, sus monumentos, la costa del lago, el Parque Gabinito y los relatos de sus habitantes. Pero su historia también está marcada por aquello que desapareció cuando el río cambió de nivel: viviendas, caminos, espacios productivos y una parte de la organización social que había acompañado al pueblo durante generaciones.





